/Reflexionar sin borrones mentales

Reflexionar sin borrones mentales

Leo las portadas de varios periódicos hispanos, italianos, portugueses, brasileños, del ámbito anglosajón y escandinavo.
Todos cuentan casi lo mismo con la ligera salvedad de la ortografía del idioma.
Me quedo mirando el paisaje desde la ventana y respiro hondo. Tengo que eludir toda esa metralla.

Al principio fue el verbo y despues fue el pensamiento y la conciencia. Con el verbo nos entran en nuestra captación de la realidad y nos moldean la opinión.
Pero van más lejos.
Antes de la palabra estuvo la vista, la imágen con todo su poder y deslumbramiento. Fueron las imágenes y los sonidos los que generaron la fascinación que solo podía expresarse con el arte.
La unión de la palabra, la imágen y el sonido forman un triunvirato tan invencible que los medios de comunicación se han convertido hoy en el elemento más poderoso de todas las sociedades y parte activa y parcial de todas las guerras.
Este sistema de modelación del pensamiento social acaba destruyendo nuestra percepción de la realidad, y con ello nuestra capacidad de comprender y el poder de nuestras palabras.
Desprovistos del poder de las palabras las imágenes nos convierten en zombis: Nuestra vida es una secuencia frenética de imágenes que no podemos percibir ni analizar porque no nos queda un respiro para que la palabra les de forma y el pensamiento las ordene.
Somos una ráfaga de imágenes, porque también la palabra escrita se ha convertido en imágen fugaz. Sin palabras, sin consciencia, sin criterio nos consume el vértigo del tiempo. Han ametrallado con huecas imágenes la contemplación que conlleva el pensamiento y el cambio
Esa andanada de imágenes y palabras-ruido construyen una sociedad confundida, resignada y conforme.
Nos pasan ante los ojos secuencias de cuerpos mutilados, de países masacrados, de verdugos y de víctimas pero son solo imágenes que corren a la velocidad del rayo. No queda tiempo para ser humano en ese caos.
El verbo necesita su tiempo y no hay tiempo, así muere la consciencia.
Tenemos el cerebro lleno de cascajo. No sabemos ordenarlo. Poner aqui la ferralla, aqui los escombros, allá las partes sólidas, acá las vulnerables es un trabajo que no podemos realizar entre este fuego abierto de la cámara rápida.
Y a toda esa destrucción de nuestra identidad pensante lo llaman el sagrado individualismo. A nuestra desolación y aislamiento, lo llaman libertad. Individuos libres que observan la destrucción de la vida entre una andanada de imágenes y frases que de repetirlas se vacían de valor.
Ese es su principal bando en la guerra, por eso apago la televisión, y si no tengo ganas leer, miro el mar, el campo, y dejo que sean mis propias palabras la que definan lo que mis ojos ven.
Si tengo ganas de leer, lo hago despacio, a solas, y que solo mi mente crea las imágenes, libre del asedio mediático.
La lectura y la contemplación son la vía de la palabra suave y lenta, y son la única terapia que queda para no enloquecer.
Es ese vértigo nuestro la que los deja solos en el poder. Nunca leer fue más importante. Leer es oponer tus propias imágenes a la tromba incontrolada con la que el poder nos inmoviliza.